Propósito


A veces es difícil explicar las cosas sin el debido reposo, en la apremiante vorágine del día a día.
Y también sucede que esos asuntos muchas veces son complejos, llenos de matices,
o que precisan, para ser bien entendidos, de un oportuno auxilio documental.
Este misterioso cuaderno de hojas infinitas nos permite comunicarnos con calma,
y al mismo tiempo, con inmediatez.
Ese es su propósito.


domingo, 23 de septiembre de 2012

Otra gran reforma... ¡y ya van siete!

El pasado viernes, día 21 de septiembre, se presentó al Consejo de ministros el anteproyecto de la nueva ley de educación (LOMCE), que, dado el poco atractivo de su acróstico, pronto será conocida por el nombre de su mentor como "Ley Wert". Con independencia de la opinión que nos merezca su contenido, la aparición de una nueva ley educativa no consensuada entre los dos principales partidos políticos es una pésima noticia. Desde el mismo día en ser promulgada, penderá sobre ella la amenaza de su derogación para cuando cambie el turno político. La educación, eso a que con tanto énfasis todo el mundo atribuye el futuro del país, sigue siendo uno de los campos de batalla favoritos en la brega política (ideológica sería mucho decir). Si algo necesita un sistema educativo es estabilidad, una mirada a largo plazo que infunda seguridad tanto a los docentes como a los alumnos y sus familias, y a la propia sociedad en su conjunto.

Pero no, lo que tenemos son constantes cambios en el currículo, violentos vaivenes en la planificación educativa y hasta en la misma concepción de la educación. Si algo tenía que quedar fuera de la gresca partidista, si en algo merece la pena cerrarse en el despacho de un ministerio hasta salir con un acuerdo, si algún ámbito tenia que estar especialmente cuidado y protegido, ese es el de la educación. Sin embargo, muy al contrario, estamos cansados de ver cómo se utiliza la educación como ariete partidista. Además, da la impresión de que los ideólogos educativos de uno y otro partido se sintieran depositarios de una revelación, de un dogma que no admite discusión, ni mucho menos el esfuerzo del consenso. El otro no sabe, no entiende, al otro siempre le empujan aviesas intenciones... En fin, todo un ejemplo de los valores de tolerancia, entendimiento, consenso y tantos más que, de manera solemne, no hay ley educativa que no predique en su preámbulo. Y ya van siete.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

El "almacén de archivos" cambia de lugar

En la margen izquierda de este blog teníamos una sección titulada "almacén de archivos", desde la que se accedía a una pequeña colección documental de plantillas de uso muy habitual. Fue una solución un poco improvisada para la distribución de este tipo de documentos, antes de meternos en los entresijos de la página web. Pero tras familiarizarnos con el uso de la página, nos hemos dado cuenta de que en ella estos documentos tendrían una mejor ubicación (un acceso más rápido y más seguro). Así que hemos trasladado allí el "almacén", al que se accede a través del Menú principal, cuya reproducción puedes contemplar en la imagen que ilustra esta entrada.  

Es importante tener en cuenta que este enlace del menú principal sólo aparece si se entra a la página con credencial (es decir, con el nombre de usuario y contraseña asignado a cada departamento). Si se accede de ese modo, el aspecto del menú será el que se ve en la imagen, y el enlace que hay que pulsar el que lleva el título de "Selección documental". Nuestro viejo almacén de archivos ha sido eliminado, para no inducir al error o que se puedan utilizar ediciones   no actualizadas de los documentos. 

Como se dice en estos casos, perdón por las molestias y esperamos que esta nueva ubicación resulte más cómoda, que es de lo que se trata.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Los horarios

Si se tuviera tiempo, vocación y estílo, el tema daría para un denso tratado, con capítulos dedicados a la estadística, a la psicología, al lucro informático, a la mitología, a las ciencias ocultas... A un profano, la confección de los horarios se le antoja una especie de Ars magna combinatoria en la que un sinfín de ingredientes disímiles tienen que acabar dando un sistema organizado... por la vía del milagro.

Son tantas las interacciones entre espacios, grupos y profesores (grupos que se dividen, profesores que recogen más de un grupo a la misma hora, espacios habilitados para ciertos usos, y no otros, el enjambre de optativas que ofertan algunos niveles), que parece imposible que todo eso pueda encontrar un acomodo sensato. Y a eso se le añaden criterios de eficacia pedagógica, se le añaden preferencias personales...

En la soledad del demiurgo antes de la creación, nuestras jefas comienzan por dibujar sobre una gran hoja en A3 un complejo diagrama de relaciones para cada nivel. Es candoroso ver con qué pasión explican al iluso que por allí deja caer su mirada la intrincada red de conexiones que se va montando, en razón a una oscura lógica que sólo conoce el hechicero (¡Dios les dé salud!), llena de misteriosas condicionales: porque si el grupo tal ocupa el aula cual  como  el desdoble debe ir a otro sitio, cogiendo los alumnos de este otro grupo, entonces... Montado el gran cascarón, los profes eligen grupos y muestran sus preferencias. Hay que ordenar todo ese abigarrado material, muchas veces contradictorio en sí mismo, y, una vez depurado (si nos vamos a una metáfora culinaria, escogidos, lavados y troceados los ingredientes), se echa en la gran marmita informática, donde se pasa las horas bullendo, en el siempre sorprendente tránsito del caos al cosmos.

Aunque el cosmos nunca es totalemente satisfactorio y el demiurgo se tortura en su soledad para satisfacer lo más posible a todos, aunque bien sabe que la satisfacción de unos significa el descontento de otros. Al final debe elegir entre todas las opciones, y así comenzará el curso el lunes, como si el misterioso orden que nos va a transportar a cada uno a nuestro sitio sin tropezar viniera dado o se hiciera solo

Pero nosotros, que sabemos de sus desvelos, les agradecemos de todo corazón su enorme trabajo y ciencia. 

martes, 11 de septiembre de 2012

Antes de nada, disculpas

Mil disculpas por una ausencia tan prolongada. Aunque no es una buena excusa, quien esto escribe tiene que decir en su descargo que se acumularon a final de curso tantas y tan acuciantes tareas, tantas apelaciones urgentes a nuestra atención, que este pobre blog, dado a la reflexión demorada, siempre quedaba relegado para mejor ocasión. Y así pasaron los meses, hasta hoy, que estamos justo a las puertas de un nuevo curso y se hacía forzoso, al menos, un saludo.

Un curso que se presenta más incierto que de costumbre, en el que lo único incuestionable es que los profes vamos a trabajar más y cobrar menos (quienes tenemos la fortuna del trabajo, porque hay quien tiene situaciones peores que lamentar). Y por muy positivos que nos pongamos y por mucho que queramos hacer de la necesidad virtud, comenzar así no es un buen punto de partida, y hay que contar con ello. 

Es cierto que la situación general del país es tan dramática que hasta nos da apuro exteriorizar el desencanto, y es verdad que también sentimos el imperativo moral de tirar con fuerza hacia adelante, a pesar de la furia de los vientos que soplan en contra. Como tantas otras personas, tenemos la incómoda sensación de expiar una pena por un delito que no hemos cometido. 

Tampoco las familias tienen razones para el optimismo, con el coste del material escolar cargado con un brutal aumento del IVA y, lo que es peor, con una perspectiva de futuro tras los estudios de sus hijos más que sombría.  

Si acaso, y por no hundirnos en la depresión colectiva, la crisis debiera producir un efecto reflexivo: volver la mirada hacia lo auténtico, hacia lo esencial, hacia los terrenos más seguros. Nuestra labor, la enseñanza, está en ese ámbito de lo esencial, nada menos que la transmisión del conocimiento, de nuestra cultura y valores. Si esa reflexión colectiva nos permitiera a todos los implicados en este complejo proceso en que se ha convertido la educación volver a los principios más esenciales de la enseñanza, el deseo de aprender y la generosidad de enseñar, algo habríamos ganado. 

En todo caso, y por encima de todo, prevalece la bienvenida a todos los que llegan a nuestro centro y el deseo de un curso 2012-2013 lo más feliz y fructífero posible